M.Sc . en Ciencias Políticas por la Universidad de Costa Rica. Investigador y docente universitario especializado en gobernabilidad democrática, cultura política y desigualdades en América Latina y el Caribe. Actualmente es Coordinador de Docencia en FLACSO Costa Rica y profesor en la Universidad de Costa Rica. Ha liderado y coordinado proyectos de investigación aplicada y programas de formación regional en políticas públicas e innovación institucional, colaborando con organismos internacionales y entidades públicas. Correo electrónico: [email protected]
Escuchar a la ciudadanía en tiempos de malestar democrático
M.Sc. Mauricio Sandoval Cordero
Resumen:
En tiempos marcados por incertidumbre política, fragmentación partidaria y circulación acelerada de desinformación, la democracia requiere algo más que elecciones periódicas: necesita ciudadanía informada, espacios de diálogo y producción rigurosa de conocimiento público. El programa Votante Informado buscó contribuir a ese desafío mediante una articulación entre academia, institucionalidad electoral y medios de comunicación.
Desarrollo:
Las elecciones nacionales de 2026 no ocurrieron en un momento cualquiera. Se desarrollaron en medio de transformaciones sociales y políticas que han tensionado la cultura política costarricense. Diversos estudios recientes muestran una sociedad cada vez más fragmentada, atravesada por desigualdades persistentes que se expresan de manera distinta según el territorio, la generación o la condición socioeconómica. Y esas fracturas también han modificado la manera en que muchas personas entienden la democracia y se relacionan con la política (Alfaro y Aguilar, 2024; Pérez Sáinz, 2025; Programa Estado de la Nación, 2025; Sandoval et al., 2025; Sandoval, García y Castro, 2025; Vargas-Cullell et al., 2026).
En ese contexto, el trabajo desarrollado por FLACSO Costa Rica junto al Instituto de Formación y Estudios en Democracia (IFED) del Tribunal Supremo de Elecciones partió de una idea sencilla: antes de hablar sobre la ciudadanía, había que escucharla. A través de grupos focales con personas jóvenes, mujeres y personas adultas mayores en distintas regiones del país, así como mediante un buzón digital que recibió más de 200 preguntas, el programa buscó recoger preocupaciones, experiencias y expectativas sobre el proceso electoral y el rumbo del país.
Después vinieron las mesas de trabajo con especialistas, académicas y analistas políticas. Pero el punto de partida no fueron las teorías ni los diagnósticos técnicos. Fueron las voces.
La experiencia permitió confirmar algo que suele quedar oculto detrás de las cifras y las encuestas: la relación de muchas personas con la política está atravesada por emociones, experiencias cotidianas y frustraciones acumuladas durante años. En distintos grupos focales aparecieron frases como “antes votar era una fiesta” o “la política ya no representa a la gente común”. No eran consignas. Eran formas de nombrar una distancia cada vez más profunda entre ciudadanía e instituciones.
Las conversaciones también revelaron preocupaciones recurrentes vinculadas con la inseguridad, el costo de vida, el deterioro de los servicios públicos, la corrupción y las desigualdades. Pero debajo de esos temas aparecía algo más difícil de medir: una sensación persistente de desprotección y pérdida de horizonte, especialmente entre personas jóvenes que sienten que estudiar ya no garantiza movilidad social ni mejores condiciones de vida.
Uno de los hallazgos más significativos fue constatar cómo el miedo comenzó a instalarse como una emoción cotidiana. En territorios rurales y costeros, algunas personas relataban que “ya no importa si uno está en la casa o en una escuela, siempre existe miedo”. La frase condensaba algo más amplio: la percepción de un Estado debilitado y de un entorno social cada vez más incierto.
Ese malestar, además, no se vive igual en todos los territorios ni generaciones. Mientras en la Gran Área Metropolitana predominan preocupaciones asociadas al costo de vida, la saturación institucional y la polarización política, en zonas rurales y costeras aparecen con más fuerza sentimientos de abandono estatal, falta de oportunidades laborales y deterioro de los servicios públicos. Entre muchas personas jóvenes emergía, además, una percepción especialmente inquietante: la idea de que el futuro ofrece menos posibilidades que el pasado y de que la política difícilmente podrá cambiar esa trayectoria.
Costa Rica mantiene fortalezas institucionales importantes en comparación con otros países de la región. Pero eso no la vuelve inmune. Las señales de desgaste democrático son cada vez más visibles: aumento de la desconfianza, debilitamiento de vínculos colectivos, expansión del crimen organizado en distintos territorios, incremento de la violencia contra las mujeres y normalización de formas cada vez más agresivas de confrontación política.
En escenarios marcados por sobreexposición informativa, circulación acelerada de desinformación y simplificación permanente del debate público, el papel de las universidades y los centros de investigación adquiere una relevancia particular. No para sustituir a los partidos políticos, los movimientos sociales o los medios de comunicación, sino para aportar análisis riguroso en un momento donde muchas veces predominan la inmediatez y las respuestas fáciles.
La academia cumple una función pública cuando logra conectar el conocimiento especializado con los problemas concretos de la vida cotidiana. Cuando ayuda a producir discusión informada en medio del ruido.
Escuchar a la ciudadanía en tiempos de malestar democrático implica reconocer que detrás de las cifras electorales existen experiencias concretas de miedo, frustración, desigualdad y desencanto, pero también expectativas de dignidad, participación y cambio. Ahí aparece uno de los principales desafíos de las democracias contemporáneas: reconstruir vínculos colectivos en sociedades cada vez más fragmentadas y emocionalmente tensionadas.
Por eso iniciativas como Votante Informado adquieren relevancia más allá de una coyuntura electoral específica. No solo por la presentación de las candidaturas o los podcasts producidos durante la campaña, sino porque representan un esfuerzo por abrir espacios donde las personas puedan sentirse escuchadas y donde la discusión pública no quede reducida al espectáculo, la consigna o el algoritmo.
Sostener una cultura democrática no depende únicamente de la existencia de elecciones periódicas. También exige instituciones capaces de producir conocimiento confiable, accesible y socialmente útil. Instituciones que contribuyan a preservar espacios de escucha, pensamiento crítico y deliberación pública en sociedades atravesadas por incertidumbre, fragmentación y fatiga política. Porque, en última instancia, una democracia también se deteriora cuando las personas dejan de sentir que la política tiene algo que ver con sus vidas.
Bibliografía
Alfaro, Ronald y Aguilar, Ileana. (Eds.). (2024). Elecciones 2022: caída en la participación electoral y efectos en la estabilidad democrática en Costa Rica. Instituto de Formación y Estudios en Democracia, Tribunal Supremo de Elecciones.
Pérez-Sáinz, Juan Pablo. (2025). Las grietas de la desigualdad: la profundización de las asimetrías sociales en Costa Rica. Editorial Universidad de Costa Rica y FLACSO Costa Rica.
Programa Estado de la Nación. (2025). Estado de la Nación 2025. Consejo Nacional de Rectores.
Sandoval, Carlos; Barrantes, Karla; Rodríguez, Brayan y Sánchez, Carolina. (2025). Nuevas cartografías para comprender la Costa Rica del siglo XXI. Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
Sandoval, Mauricio; García, Cathalina y Castro, Mariela. (Comps.). (2025). El malestar en Costa Rica: ¿alertas desde la cultura democrática? Instituto de Formación y Estudios en Democracia, Tribunal Supremo de Elecciones y FLACSO Costa Rica.
Vargas-Cullell, Jorge; Ramos, Marisa; León, Carmen y Segovia, Alexander. (2026). Democracia, autoritarismo y cambio social en Centroamérica. Instituto de Investigaciones Sociales Ediciones, Universidad de Costa Rica.